Proyectos de vida en Armallones

Hoy que tanto se habla de la España vaciada, de emprender y de empoderamiento femenino resulta que aquí, en Armallones, tenemos buena muestra de ello. En un pueblo de poco más de cincuenta personas censadas contamos con dos mujeres que, de manera discreta y con trabajo constante, han elegido vivir en un pueblo y llevar adelante negocios que suponen mantener el territorio rural vivo.

 

Ana siempre trabajó también fuera de casa, pero desde que fijó su residencia en Armallones llevaba una vida de cara a su hogar y a su familia. Ana llegó a Armallones por amor a principios de los 80, aquí pasaba fines de semana y la mayor parte de sus vacaciones. Hace unos años ella y su marido dieron el paso de quedarse a vivir en el pueblo. Es una enamorada del campo y de la naturaleza. “El pueblo te da una calidad de vida y una tranquilidad que no da la ciudad”

Fue una tarde sin más y animada por una de sus hijas que decidió dar el paso y postularse para regentar el bar del pueblo. Como en muchos otros municipios situado en las antiguas escuelas y punto de reunión de los vecinos.

Cree importante que haya un lugar común donde todo el mundo pueda acudir y encontrar siempre a alguien con quien tomar un café, echar la partida o simplemente charlar. Donde Ana te hacen sentir como en casa, en un pispas cortará unos tomates recién traídos de la huerta, con un poco de sal y aceite y nos regalará el gusto a todos los asistentes.

La pandemia ha hecho que su negocio no sea tal, pero su vocación de servir y hacerlo bien hace que su labor sea encomiable. Por el momento sólo piensa en el ahora, en agradar y trabajar para ello. “El futuro ya se verá”.

 

 

La otra mujer es Pilar. Pili nació en Armallones; con 16 años marchó del pueblo. Madre de tres hijos, su vida laboral la ha desarrollado siempre en hostelería; tanto en alojamientos como en restauración, en establecimientos propios en la costa y en la Comunidad de Madrid.

Hace más de diez años decidieron darse un descanso de los negocios en la capital. Casi a la par empezaron a construir una casa en Armallones que finalmente dedicaron a Casa Rural de la mano de los fondos Leader.

El compromiso con los fondos es por cinco años, pero la buena gestión, el trabajo y el esfuerzo ha dado como resultado que diez años después Casa Rural Gerardo siga funcionando y atendiendo de manera excelente a huéspedes y clientes.

Este año inauguran una nueva casa, con 13 habitaciones, ascensor y fácil acceso para personas con movilidad reducida.
La máxima de Pili es la misma que en la anterior casa, trabajar y que “nadie, aunque vengan de improviso se queden sin atender”. El nuevo local cuenta con un gran salón al que darán servicio; de tapas, raciones y comidas por encargo, la magnífica cocina y su extraordinaria cocinera.

Nuestras dos vecinas pueden servir de ejemplo a otras mujeres que se animen a emprender, mujeres que con sus productos y sus proyectos de vida puedan ser el escaparate de la zona.
Emprendedoras que avancen y con ellas sus negocios, sus familias y nuestra comarca: El Alto Tajo.

 

Artículo extraído de la Revista Abarca 3.

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